jueves, 17 de julio de 2014

LA MUJER DE SUNEM, UNA MUJER DE HONOR


La mujer de Sunem, una mujer de honor.

         La historia de esta hermosa mujer me inspiró profundamente desde la primera vez que la leí, cuando estaba en Instituto Bíblico, durante la materia de Libros Históricos.
 

         A pesar de que no tiene nombre propio mencionado en la Palabra, está ahí, impactó el corazón del profeta Eliseo.

Puedes leer su historia completa en la siguiente porción: 2 R. 4.8-37.

Iniciemos ya estudiando la vida de esta fémina y la razón por la que le consideramos una Mujer de Honor.

He aquí sus preciadas cualidades:

ü Sensible a las necesidades de otros.

 

2 R. 4. 8.- Cierto día, Eliseo fue a la ciudad de Sunem

y una mujer rica que vivía allí le insistió que fuera a comer a su casa.

Después, cada vez que él pasaba por allí,

se detenía en esa casa para comer algo.

        

Aun cuando esta sunamita era rica, no se encerraba en su propio mundo, sino que estaba al pendiente de lo que otros pudieran requerir.

Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no

nos damos por vencidos. Gál. 6.9.

 

Por lo que también se desprende que ella era una:

 

ü Hospedadora.

Abran las puertas de su hogar con alegría al que necesite

un plato de comida o un lugar donde dormir. 1 P. 4.9.

 

La hospitalidad es el acto de recibir y prestar asistencia a los extranjeros, es recibir con agrado a las personas en tu casa.

 

ü Sabia.

Entonces la mujer le dijo a su esposo: «Estoy segura de que este hombre que pasa por aquí de vez en cuando es un santo hombre de Dios. Construyamos un pequeño cuarto en el techo para él y pongámosle una cama,

una mesa, una silla y una lámpara. Así tendrá un lugar dónde

quedarse cada vez que pase por aquí». 2 R. 4. 9, 10.

 

Usó las palabras correctas como para que su marido apoyara el deseo de su corazón. Cuántas veces nuestro marido dice “no”, por no decirlo con la actitud o las palabras adecuadas.

 

La boca del justo habla sabiduría,

Y su lengua habla justicia. Sal. 37.30 (RV 60)

 

ü Humilde.

Cierto día, Eliseo regresó a Sunem y subió a ese cuarto para descansar.

Entonces le dijo a su sirviente, Giezi:

«Dile a la mujer sunamita que quiero hablar con ella».

Cuando ella llegó, Eliseo le dijo a Giezi: «Dile: “Agradecemos tu amable interés por nosotros. ¿Qué podemos hacer por ti? ¿Quieres que te recomendemos con el rey o con el comandante del ejército?”».

«No —contestó ella—, mi familia me cuida bien». 2 R 4. 11-13.

 

Eliseo le ofreció poder ayudarle ante autoridades civiles o militares. No era nada despreciable lo que le propuso, pero aun así, ella no pidió nada, lo que nos muestra que hospedaba genuinamente sin esperar nada a cambio.

 

ü Bendecida.

Más tarde, Eliseo le preguntó a Giezi:

—¿Qué podemos hacer por ella?

—Ella no tiene hijos —contestó Giezi—, y su esposo ya es anciano.

Efectivamente, la mujer pronto quedó embarazada y al año siguiente, por esa fecha, tuvo un hijo, tal como Eliseo le había dicho.

2 R 4. 14, 17.

 

El profeta estaba tan agradecido con la mujer importante de Sunem,  que no dejó de indagar qué necesidades tenía. Hasta que  fue grandemente recompensada con un hijo.

¡Qué maravilloso! Todo empezó cuando el Señor puso en el corazón de esta dama servir a un enviado de Dios.

 

ü Manifestó su angustia ante la persona correcta. (Vs. 18-37).

 

Cuando el niño había crecido, trabajando con su papá le dio un repentino dolor de cabeza y lo envió con un sirviente a su madre. Pero al mediodía el hijo murió en su regazo.  En lugar de angustiar a su esposo, ella fue directo al varón de Dios y le expuso lo que había pasado.

 

No fue con el esposo a darle la noticia, ni le dijo a nadie más, sino que estaba confiada en quién podía ayudarle, siempre supo que Eliseo era un enviado del Altísimo. No le pidió nada ante la corte secular, pero sí que “intercediera por ella ante la corte celestial”.

 

Me ha pasado que a veces platico a otros situaciones que me preocupan, en lugar de hablarlo directamente con el Padre. A lo mejor si gasto más tiempo en oración, en lugar de compartir a otros para que oren también sería más efectivo.

 

No estoy diciendo que esté mal  que tengas amigos, pues para eso son, simplemente analizar seriamente cómo reaccionaría ante un acontecimiento difícil y qué sirve más.

 

Espero que leas con calma esta fabulosa historia, pues recuerda que si está escrita en la Biblia, fue porque no era cualquier mujer, sino alguien que agradaba a Dios ante todo, y la obediencia, siempre trae bendición, así que nunca debemos arrepentirnos de haber seguido el camino recto.

 

Por Su gracia:

Jéssica M. Jiménez Barragán.

 

*Todas las citas son de la NTV.

2 comentarios:

isa dijo...

me encanto tu articulo.....que bendicion que compartas...gracias a Dios por tu servicio....=)

Jéssica Jiménez Barragán dijo...

Muchas gracias por escribir Isa. Gloria a Dios.